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sábado, 5 de diciembre de 2015

Duodécimo caso: La gominola.

En el duodécimo caso abordamos un caso que nos podría afectar a todos. Las gominolas, los dulces favoritos de niños y mayores, pueden suponer grandes riesgos como veremos en a continuación.

En 1994, un padre acude con su pequeño de 3 años al quiosco de siempre en una localidad de la provincia de Albacete. El pequeño y el compran una bolsa de gominolas "Fresón" y el pequeño come una de estas gominolas.

El pequeño empieza a encontrarse mal, empieza a tener síntomas de asfixia. El pequeño no pudo llegar al hospital con vida.

Diferentes informes dictaminaron la peligrosidad de la golosina. El Instituto Nacional de Consumo advirtió de que
El dulce comportaba un serio riesgo para la salud y seguridad de la población infantil. 

El caramelo, según el informe ocuparía casi la totalidad de la boca del pequeño imposibilitando la movilidad del dulce. Ademas, la consistencia y falta de flexibilidad del producto hace muy difícil el masticado, con lo que es relativamente fácil la obturación de la vía respiratoria, epiglotis, y producir asfixia. 
Se ha comprobado que cuando el caramelo se insaliva se vuelve más suave y menos elástico, lo cual lo hace más resbaladizo, entorpeciendo el masticado y dificultando la formación de porciones que sean fáciles de manejar en la boca.

El Juzgado de Primera Instancia como la Audiencia Provincial desestimaron la demanda, entendiendo que Interdulces, distribuidora del producto, cumplía las exigencias, pero el Tribunal Supremo, en sentencia de 10 de junio de 2002, creyó que Interdulces no siguió la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios, por lo que la distribuidora tuvo que indemnizar a la familia del pequeño.

Fuente:

viernes, 20 de noviembre de 2015

Décimo caso: Aceite de Colza.

En 1981, un niño madrileño falleció a causa de una enfermedad desconocida. Tras el, centenares (millares, según diversas fuentes) cayeron tras el. Se desconocía la causa de una enfermedad que solo afectó a España.

Síntomas similares a la neumonía, dolores musculares, hipertensión, enfermedades en el hígado, piel, corazón..., afectaba a la practica totalidad de los órganos.

La sociedad estaba conmocionada. Miles de familias tenían a familiares afectados por esta extraña enfermedad.

Un año después, tras más de 400 defunciones, los especialistas concluyeron que la causante de todos estos casos era el aceite de colza, elemento utilizado por las familias para cocinar. Elemento que era vendido por vendedores ambulantes para las familias con mayores dificultades económicas.

Este aceite importado desde Francia para uso industrial, se distribuyó por algunos aceiteros tras extraerle la anilina a alta temperatura, un proceso que dio lugar a la creación de compuestos tóxicos que causaron la grave intoxicación conocida hoy como síndrome del aceite tóxico.
Se vendía de manera fraudulenta, en grandes garrafas de plástico. Garrafas que produjeron decesos y grandes secuelas físicas que se mantienen hasta el día de hoy.

Las indemnizaciones que fijó en sentencia el Tribunal Supremo oscilan entre los 90.151 euros para los herederos de los fallecidos y los 300.000 euros para quienes sufren incapacidades graves, cantidades que han tenido que ser abonadas por el Estado.
A pesar de todo lo ocurrido, aún hoy, hay herbolarios que aún lo comercializan. Como recomendación personal, si aún hay dudas sobre si comprarlo, observen los vídeos que adjunto en la entrada.


Fuentes: